sábado, 10 de mayo de 2008

Salida de Vivar

Con los ojos llenos de lágrimas volví la cabeza para contemplar mi tierra. Allí quedaron las puertas abiertas y las perchas vacías de halcones, de mantos y de pieles. Pensé en la maldad de mis enemigos que por fin habían conseguido que el rey me desterrara.
Al llegar a Burgos vimos una corneja al lado izquierdo del camino y le dije a mi sobrino Álvar Fáñez: "¡Ánimo! Algún día volveremos a Castilla con honra."